Hay un lugar en el Aljarafe, donde la melancolía aflora en cada momento.
Donde los fríos días del invierno, dan paso a esos días llenos de luz primaveral, cargados de Pasión. Donde la brisa de nuestro pueblo, nos trae el aroma del campo, entre ellos el olor del azahar, donde el incienso invade la parroquia en las tardes de quinario y donde las zapatillas de esparto rachean de manera única ¡Ya huele a Semana Santa! ¡Ya huele a ese viernes esperado! ¡Ya huele a Viernes de Dolores en Villanueva del Ariscal!
Lo que comenzó en la sencillez y en la más profunda pobreza de la nada, donde sólo brotaba la ilusión de despertar algo que llevaba aletargado en el polvo y las cenizas del recuerdo, hoy ha llegado a romper las fronteras de nuestros límites ariscaleños y es conocido nuestro Viernes de Dolores, hasta en los lugares más incalculables que hubiésemos soñado jamás.
El Viernes de Dolores, es conocido en el mundo cofrade de nuestra capital sevillana y en toda la provincia.
Desde el principio, sus atractivos no fueron las riquezas de los pasos, ni tampoco el lujo, todo lo contrario. Brotó siempre la humildad y la sencillez, el orden y la devoción en la Estación de Penitencia, pero sí atrajo sobre todo la ilusión y el entusiasmo de aquellos jóvenes, con sus cabezas pobladas de blanco, hoy en día.
La sencillez, la humildad y las ganas de hacer las cosas bien hechas, han sido los buenos cimientos para crear esta Hermandad de la Vera +Cruz.
Recordaba nuestro primer Hermano Mayor, D. Antonio Manuel Castro López, en una página de nuestros boletines informativos, que nunca olvidará cuando en el año 1.982, asomaba la Virgen de los Dolores la cara por la puerta de la parroquia a los sones de Corpus Christi, interpretada por la banda de música El Carmen de Salteras.
Las ilusiones dieron su fruto con el paso de los años.
Cuántas anécdotas buenas, cuántos apuros superados gracias a la unión y el buen hacer de todos los miembros que han formado las distintas Juntas de Gobierno de nuestra hermandad, alguno de ellos, disfrutando ya de los mejores sitios del cielo, sin olvidarse nunca y dando mil veces gracias, al pueblo de Villanueva del Ariscal por ese apoyo generoso que hemos recibido día a día, año tras año.
Entrar en una casa cualquiera, el Viernes de Dolores, es oler a torrijas y pestiños, oler a piñonate y arroz con leche.
No hace falta buscar para encontrar colgada en un salón, junto a esa foto del abuelo cargada de recuerdos, una túnica negra con botonadura y cíngulo morados, cubierta por una capa y un antifaz morados, mientras mira al sofá que está justo al lado y veremos un capirote de cartón, unos guantes negros y un papel doblado, que si lo abrimos, es la papeleta de sitio de un hermano.
Viernes de Dolores en Villanueva del Ariscal, es un día de Ejercicio de Piedad y Manifestación de Fe por las calles de nuestro pueblo. Es recordar nuestros principios como cristianos, es la verdad, es nuestra esperanza de acompañar a nuestro Cristo crucificado que vive en nosotros y arropar, en su dolor, a Su Madre María Santísima de los Dolores.